“Usurpadores, okupas, ocupantes…” El trato de los “medios de comunicación” a las tomas de terrenos

(*) Patrico Lobos

En las ultimas semanas se han producido nuevas ocupaciones de terrenos en la ciudad de Viedma. Se trata de una nueva oleada de ocupaciones, fenómeno que no solo persiste, sino que se acrecienta ante la ausencia de políticas publicas para los sectores medios-bajos y bajos de la población. Entre la mirada sociológica o política, queda como desafío de investigación abordar el tratamiento que realizan los medios de comunicación locales ante este fenómeno. Como puede verse a simple vista en sus titulares, la mayoría de los medios optan por llevar adelante un discurso estigmatizante y criminalizador, que asocia a las ocupaciones con el delito bajo la calificación de los protagonistas como “usurpadores”.

Ya hemos realizado en un articulo anterior (Ver: “Las “tomas” de terrenos y el problema de la tierra urbana en Viedma”) un repaso por las ocupaciones de terrenos que se han realizado en Viedma en los últimos 20 años. Ahora, podemos hablar de una nueva oleada de tomas (2 de enero, segunda ocupación en el Barrio Inalauquen, Barrio Lavalle, etc), aunque no es el objetivo de este articulo relatar estas experiencias de manera puntual. En esta oportunidad, queríamos hacer un limitado repaso por el tratamiento que hacen los principales “medios de comunicación locales” sobre las ocupaciones urbanas de tierras en Viedma.

En base a una somera revisión del material periodístico, podemos señalar que se impone en los medios locales la conceptualización del acto de la toma como un delito, el de la “usurpación”. Está claro, que esta definición acarrea contenidos políticos y legales. Asociar el acto a un delito priva de todo derecho a los sujetos que deciden tomar un terreno. Al ser “ilegal el acto”, es ilegitimo el reclamo.

Como sabemos y nos enseñaron algunos abogados que acompañan la lucha de los vecinos ocupantes, para que exista el delito de usurpación, deben estar presentes al menos dos elementos: la clandestinidad y la violencia. Como la experiencia lo demuestra, las tomas suelen realizarse a la luz del día y los ocupantes para ingresar a los terrenos no fuerzan ninguna propiedad. Incluso cuando los terrenos son privados, muchos de ellos no tienen ninguna señalización.

“En las denuncias penales el delito que se invoca es el de usurpación. La violencia y la clandestinidad son requisitos para que haya usurpación. En los dos casos tuvimos sobreseimientos porque acá no hay nada clandestino, cuando la toma se hace a las dos de tarde, a la luz del día y con la policía en frente, en el lugar que previamente limpiaste porque era un basural. Entonces no se dan las características de la usurpación. Cuando los medios califican de usurpadores a los vecinos hay una visión ideológica”. (Abogado de dos ocupaciones ocurridas entre los años 2008-2009). (2)

Queda claro así, que el dispositivo legal de judicialización de las tomas que el estado suele desplegar, tiene el objetivo de amedrentar a los ocupantes y hacerles pagar un costo social, con la idea de desactivar el reclamo.

Los “medios populares” y los “alternativos”

En el plano local existen excepciones a este trato estimatizante. Radios Comunitarias y portales alternativos, dan voz a los protagonistas de las tomas y se constituyen en aliados para los vecinos. Constituyen elementos que sirven para equilibrar de alguna manera la voz monocorde de los medios comerciales.

Sin embargo, y con el desarrollo de las redes y su extensión en las diferentes clases sociales (aun con sus diferencias de alcance e impacto), los movimientos, los vecinos y organizaciones, se han encargado de desarrollar medios propios para hacer oír su voz sin intermediarios. Este alcance es limitado y a veces rudimentario, pero marca una tendencia de los movimientos a representar su propia voz.

También es cierto, que quienes hemos escuchado la voz de los ocupantes, vemos que en ellos también están operando (tal vez más que en otros sectores) imaginarios y relatos dominantes que se terminan reproduciendo públicamente. Y es que si bien en muchos casos se trata de sujetos excluidos del escenario social y político, están atravesados por las lógicas y las construcciones de sentido dominantes. No es extraño escuchar a los propios ocupantes auto-definirse como “usurpadores” o “ilegales” y señalar que pretenden pagar los terrenos que tomaron, dejando ver la fuerte carga moral que se carga sobre esa acción. “No queremos que nos regalen nada”, suele ser la expresión de los vecinos cuando toman un terreno, expresión que busca revertir el grado de estigmatización que suelen sufrir quienes deciden estas acciones: (3)

“Tenemos desde el principio de la ocupación, la voluntad y la iniciativa de pagar estas tierras a mediano y largo plazo, con costos razonables a nuestros mínimos ingresos, y no dando lugar a tasaciones especulativas respecto de estas tierras que hemos decidido ocupar.” (carta de los vecinos de la toma del Barrio Santa Clara). (4)

“La contra-información restablece la verdad, pero de manera puramente refleja. Como si fuera un espejo”.

(Colectivo A/traversa).

Los “medios comerciales” representan intereses sectoriales. Son la voz de las clases medias pretenciosas y altas de la ciudad, que ven con preocupación el avance (“invasión”) de quienes deciden ocupar un terreno para vivir. Son la voz también de la clase política, que aun con sus pequeñas diferencias, reproduce un sentido apoyado en la necesidad de la formalidad y legalidad en los reclamos. En un tercer lugar quedan las voces de los “medios populares y alternativos”, que en los últimos años han ingresado en la vorágine de la “grieta”, fomentada por los grandes monopolios de la comunicación. Es decir, muchos de estos medios populares, optaron por ocuparse solo de los temas (agenda) que impliquen una confrontación directa (“Batalla Cultural”) con el adversario político (el macrismo y los monopolios comunicacionales, esencialmente).

Así se escucha definir hoy (por parte de los propios medios populares, sus periodistas o intelectuales) a los medios hegemónicos como meros “medios opositores”, reduciendo el accionar de los medios a estar “en contra” de una gestión del estado, cuando en realidad son mucho más que eso. Los medios generan mundo, sentidos sedimentados, y son mucho más que medios opositores. (Ver: “Los medios opositores continúan con la misma agresividad de antes”). Incluso esa mirada reduccionista pone a los medios populares en el lugar de agencias gubernamentales, dilapidando el capital simbólico obtenido con tantos años de lucha.

Las ocupaciones de terrenos, son fenómenos que no diferencian gestiones, gobiernos, ni ideologías. Ningún proyecto político ha podido resolver ni medianamente el problema habitacional en Argentina. Esto no implica dejar de hacer distinciones entre modelos represivos o permisivos, modelos que señalan una mayor presencia del mercado o del estado, modelos que avanzaron, aunque a medias, en soluciones a estas problemáticas y otros que ni siquiera tuvieron esa voluntad. Pero una mirada de fondo, deja entrever que el acceso a la tierra y la vivienda es un problema estructural (que incluye otros como el trabajo, la distribución de la riqueza, etc), que no podrá tener, si se lo quiere resolver, soluciones parciales. Allí los medios deberán optar por seguir enceguecidos en una grieta funcional a los intereses dominantes (porque ahí no se discuten los temas centrales), o disputar, junto con los sujetos protagonistas, experiencias de cambio social profundo.

(1) Entrevista Colectiva a un grupo de ocupantes del barrio “30 de marzo» realizada en el mes de marzo de 2011.

(2) Entrevista realizada a un abogado de dos ocupaciones en el mes de diciembre de 2010.

(3) Como señala Gravino, la disposición a la compra –aunque ésta se presente como lejana- según la representación de los habitantes, tanto de villas como de los asentamientos, los coloca fuera del espacio del delito (En Nuñez A, Ciuffolini, 2011).

(4) Los vecinos hicieron llegar la carta hasta la Comisión Nacional de Tierras, al Concejo Asesor por la Tierra y la Vivienda de la Provincia de Río Negro y a la presidencia del Concejo Deliberante de la Ciudad de Viedma. La misma fue suscripta por medio centenar de familias (2-3-2012).

(*) Lic en Ciencias Políticas de la Universidad Nacional del Comahue- CURZA.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *