La pandemia de la precariedad

Por Patricio Lobos. (*)

La crisis economica y social producida por la pandemia del coronavirus deja en evidencia con crudeza, el estado de abandono hacia los sectores sociales mas vulnerables y la fuerte brecha social abierta por la concentración de la riqueza en pequeños grupos. Cuando se establecen y publicitan políticas publicas de prevención del contagio o se sugieren medidas como “quedarse en la casa” o “trabajar desde la casa”, queda excluida de los “cuidados” una población de trabajadores que posee un trabajo informal o directamente no lo tiene. Como afecta la pandemia a un país con 40% de pobres, dos dígitos de desempleo y un tercio de empleo informal (4 millones de asalariados).

La pandemia es principalmente virulenta con una población de riesgo, que incluye a los ancianos. La realidad de un porcentaje alto de la población (3 millones y medio de «hogares») que vive en casas precarias o directamente no tiene un techo, vulnerabiliza aun más estas vidas. En muchos casos, por la crisis habitacional, conviven varias generaciones bajo un mismo techo precario (niños, adultos y ancianos). Para estas poblaciones que habitan tomas y asentamientos, el acceso a los servicios básicos (agua, luz, gas etc) no es un derecho garantizado.

Ni el mercado, ni el estado…¿Y ahora quién nos va a defender?

Son necesarias las medidas generalizadas que protejan a la población. Pero en las nuevas realidades del capitalismo global, lo general ya no es una regla. El trabajo ya no es un indicador de ascenso social ni en Argentina (donde el 25% de los ocupados es pobre) ni en Europa, donde se viene proponiendo desde varios sectores una “renta universal” ante la cantidad de “parados” que provoca el sistema.

Recientemente, y en medio de la pandemia, se difundió un comunicado del medio alternativo Dinamo Press de Italia donde reclaman una “renta básica de cuarentena”:
“Como trabajadores precarios, autónomos, freelance, estudiantes, desempleados, migrantes y toda la composición social que no puede beneficiarse de los amortiguadores sociales tradicionales, tenemos una única y clara reivindicación: una renta básica de cuarentena para todos.

Estamos organizando una campaña para reforzar esta reivindicación a nivel nacional. Mientras no trabajemos o no nos paguen, todavía tenemos que pagar los alquileres, las facturas, los préstamos y los bienes. Pensamos que esta reivindicación debería unir las diferentes figuras del mercado laboral fragmentado y la diferenciada composición de clase, además debería ser el primer paso para establecer una norma social universal que deberá mantenerse también después del fin de la epidemia”.

En nuestro país, manifestaciones similares dejan al descubierto la realidad de millones de trabajadores informales. El colectivo “Monotributistas Organizadxs” señaló en un documento:
“Actualmente, somos cientos de miles de trabajadorxs monotributistas que ejercemos nuestros oficios de manera independiente (freelance) o a través de contratos, quienes nos hemos quedado de un minuto al otro sin nuestra fuente de trabajo.

Sea porque nuestro trabajo se realiza únicamente de manera presencial, sea porque trabajamos tercerizadxs por empresas nacionales que brindan servicios al exterior, o las patronales de los sectores económicos afectados descuentan los días laborales, nos encontramos en este momento en situación de desempleo o hemos visto brutalmente golpeados nuestros ingresos. Porque nuestra modalidad de contratación es precaria, no contamos con ningún derecho laboral”.

Por tal motivo, exigieron: “que se suspendan las obligaciones fiscales para las categorías más bajas durante el tiempo que dure este estado de emergencia y exigimos un seguro de desempleo inmediato que nos permita asegurarnos el techo y el alimento”. Actualmente se estima en 3 millones y medio los trabajadores monotributistas. De ellos, 2,2 millones son puros (no poseen otro empleo) y 300 mil son monotributistas sociales.

En la ciudad de Viedma, la “Cooperativa para una Nueva Vida” (COTRANVI en el MTE), que trabaja en el reciclado de residuos inorgánicos y viene reclamando que se le otorgue, mediante la cartera de Desarrollo Social, un lugar de acopio transitorio hasta la apertura de la Planta GIRSU, indicó en un comunicado: “El estado de emergencia por coronavirus viene acompañado con un protocolo que para nosotros es muy difícil de cumplir por el motivo que nosotros vivimos al día y si no laburamos no comemos. Desde nuestro movimiento se pidió a todxs lxs compa en situación de riesgo quedarse a resguardo en su casa. Por otro lado muchos de nuestros compañerxs seguimos trabajando. Pedimos tomar recaudos en la manipulación de los residuos ya que nuestros compas están muy expuestos”.

El coronovirus es una expecionalidad que desnuda algo que es permanente: la pobreza estructural de un sector importante de la sociedad. Quita el velo a algo que persiste. Pasará la crisis y quedará la normalidad de las millones de vidas precarizadas. De Lombardía a la Norpatagonia, la epidemia del trabajo precario corroe las sociedades. Detrás de los “cubiertos”, quedan los descubiertos, mas expuestos que nunca.

(*) Lic en Ciencias Políticas de la Universidad Nacional del Comahue- CURZA.

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